Como norma general, cada 1–3 años en una vivienda unifamiliar, según el número de personas, el volumen del depósito y el uso que se le dé. Una segunda residencia puede aguantar más; una casa con varias familias, bastante menos.

Si nota malos olores, desagües lentos, gorgoteos o encharcamientos en la zona de la fosa, conviene revisarla antes de que llegue esa fecha. Vaciar antes de la temporada de lluvias también evita sustos, porque el suelo saturado drena peor.